jueves, 9 de julio de 2009

Leer o no leer: ¿a quién le importa?

por Ana María Bavosi
Maestra. Bibliotecóloga

Un problema y pocas respuestas

El tema de la lectura está en el tapete desde hace largos años. Durante muchísimo tiempo fue tierra dominada por la educación, la pedagogía, la didáctica y la bibliotecología; sin embargo hoy ha pasado a ser motivo de estudio para otras disciplinas. Encontramos abundante bibliografía sobre la lectura en trabajos de psicólogos, sociólogos, antropólogos, lingüistas, psiquiatras, y otros especialistas. También hemos comprobado el interés sobre la temática en los editores, libreros, políticos y en los medios de comunicación de masas.

Todo esto nos lleva a pensar (y no sin fundamentos) que se está corriendo el riesgo de llevar el tema a tierra de nadie. Lo que a todos nos queda claro es que la lectura se ha transformado en "problema" y hasta el momento no se le han encontrado soluciones satisfactorias. Dicho problema es de carácter internacional ya que tanto los países desarrollados como los no desarrollados adolecen del mismo mal.

Personalmente y luego de muchos años como maestra y bibliotecóloga, solo me puedo plantear una cantidad de preguntas para las que generalmente tengo pocas o ninguna respuesta.


El lector, cazador furtivo

Retomemos la pregunta del título: “Leer o no leer ¿a quién le importa?” Pero antes de responder a ello, me gustaría compartir con ustedes mi punto de vista sobre lo que entiendo que es leer. Lógicamente, lo que pienso hoy es producto de múltiples lecturas y muchísimas prácticas, pero fueron los conceptos de Michel de Certeau (que conocí allá por el 1999) sobre el lector los que decididamente me proporcionaron la mayor claridad sobre el tema.

De Certeau escribió ”Muy lejos de ser escritores, fundadores de un lugar propio, herederos de los labradores de antaño pero en el terreno del lenguaje, cavadores de pozos y constructores de casas, los lectores son viajeros, circulan por tierras ajenas, nómadas dedicados a la caza furtiva en campos que no han escrito, arrebatando los bienes de Egipto para gozar de ellos. La escritura multiplica su producción por el expansionismo de la reproducción. La lectura no se garantiza contra el desgaste del tiempo (se olvida y se la olvida), no conserva la experiencia lograda (o lo hace mal), y cada uno de los lugares por donde pasa es una repetición del paraíso perdido” (1)

Siguiendo a Anne-Marie Chartier decimos que de esa manera Michel de Certeau “abría el camino para pensar las prácticas contemporáneas de la lectura (las prácticas y no los discursos), con el modelo de la “caza furtiva”. Rompía así con los dos únicos modelos existentes: el de la lectura de formación (o sea de la Escuela o la Iglesia) y el de la lectura de consumo (sea para información o entretenimiento).

Esta metáfora de la caza furtiva permitía pensar las lecturas como trayectorias individuales, constitutivas de identidades particulares. Pero se trataba de prácticas no programadas, de lecturas de textos que con frecuencia aparecían de manera aleatoria en determinadas circunstancias, o a través de redes informales de intercambio, superando con astucia las limitaciones y controles de las instituciones.

De este modo, Michel de Certeau instalaba la antropología de la lectura en el espacio propio del lector y en la temporalidad de su historia singular. Con esto confirmaba la caducidad de una concepción de las prácticas como calcos más o menos logrados de los modelos enunciados por los discursos normativos contradictorios, provenientes de instituciones que definen la lectura en función de sus propias finalidades” (2)

La lectura como práctica de la libertad

La concepción de Michel de Certeau sobre lectura-lector me reafirmó profesionalmente. Intuiciones que me acompañaban desde largos años en el ejercicio de la bibliotecología y el magisterio se transformaron en certezas. Siempre sentí que en la biblioteca todos los niños, decodificaran mejor o peor, leyeran fluidamente o con tropiezos, eran viajeros, paseaban entre las hojas de los libros creando lugares propios, con tiempos que eran únicos e irrepetibles y los momentos vividos mientras leían les otorgaban libertad. Los lectores en la biblioteca lentamente iban reforzando su individualidad y construyendo su identidad.

En la biblioteca los niños leían los libros que sacaban de los estantes; la consigna de la estructura era: Opta por un libro y luego léelo y si no te gusta o no puedes con él, puedes elegir otro.

No había imposiciones en cuanto a la lectura, sí las había en lo referente al uso del espacio y de los bienes comunes. Tampoco había evaluaciones, calificaciones, juicios de valor sobre qué leíste, que quiso decir el autor, cómo se llamaban los personajes, cómo cambiarías el final, (una de las prácticas más aberrantes que fomenta la falta de respeto al autor, creador de toda la obra), etc.

Leer porque sí

Los niños leían porque sí, porque les daba ganas, porque tenían gusto por leer, porque aceptaban el desafío y el trabajo arduo de leer, porque la propuesta era la opción y no la imposición.

Aprendimos desde la biblioteca que lo primero es querer leer y confirmamos esta premisa ejerciendo como maestras de preescolares. Los niños tienen derecho a tener un espacio para los libros y hablo de un espacio digno, un estante sencillo a su alcance, donde se colocan los mejores libros seleccionados (y no los pedazos de libros o los que llegaron de “donación”) y, por supuesto, leídos por el maestro con el único fin de compartirlos.

Muchas veces he escuchado a mis colegas (maestros y bibliotecólogos) quejarse de la falta de hábitos en el uso del libro por parte de los niños y siempre respondo: ¿cómo crear hábitos sin la práctica diaria? Si no disponen de libros en sus casas, si el maestro o el bibliotecólogo no muestran su afinidad por ellos en la cotidianeidad, ¿cómo sentar un precedente? ¿ de donde sacar un modelo?

En más de 44 años de estar con niños de todas las edades y de diferentes grupos sociales y culturales, nunca encontré niños que se resistieran a querer leer. Ahora bien, es importante señalar que el querer leer surge de la propuesta adulta que muestra el maravilloso mundo de lo que se puede llegar a leer. ¿Quiere un niño un caramelo si nunca se lo mostré o se le di a probar?

Leerles libros, mostrarles libros, dejar que toquen los libros, siempre tendrá la misma repuesta por parte de los niños: querrán tener entre sus manos esos libros. Pero mostrar los libros con el fin de cumplir con un punto del programa, leer algunos libros a veces y guardarlos bajo llave para que no se rompan, atesorar en el mueble biblioteca de la dirección centenares de libros para usar en contadas ocasiones, esa práctica no nos hace lectores.

Hay excepciones, pero no las suficientes, si nó no estaríamos hablando y escribiendo sobre el problema de los no-lectores.

En lo referente a poder leer y saber leer, eso es otra cosa. Aquí dejo el espacio para otros y solamente agrego que fui varios años maestra de primer año escolar y muchos de mis alumnos no pudieron aprender a leer correctamente. Pienso que me faltó preparación, formación y conocimiento de diferentes metodologías. También fui maestra de sexto año y me encontré con muchos alumnos que, con esa edad, no sabían leer. Actualmente soy profesora universitaria y puedo asegurar que muchos jóvenes leen mal, no comprenden lo que leen y tienen serios problemas afectivos con la lectura.

El tema se complica y creo que lograr que se quiera leer es prioritario y está en relación directa con el futuro del individuo como lector. Si muy tempranamente se quiso leer, se generaron las ganas de leer, puede ser que este quiero leer ayude en otra etapa, la de de la imposición o la autoimposición, en la etapa debo aprender a leer.

Somos maestros de antes para un mundo nuevo
Pasemos a la pregunta ¿a quién le importa?
Importa a muchos, algunos con mucho poder y otros sin poder o con poco poder.


Algo es común a todos a quienes nos importa el tema: venimos de la galaxia de Gutemberg; defendemos en general nuestra concepción de lectura porque nuestra cultura está basada en el libro. Pero tenemos que reconocer que estamos viviendo inmersos en una nueva cultura, producto del sistema económico y político que impone la necesidad de un nuevo objeto de consumo: la computadora. Los niños y jóvenes del ciberespacio forman parte de esta nueva cultura. La propuesta ahora es esencialmente la de la lectura rápida, útil, que agilice, que dinamice, que rinda. En otras palabras: el fin estético de la lectura quedó atrás.

Pero la historia de la lectura es muy vieja y siempre estuvo rodeada de intereses muy fuertes, todos provenientes de los poderes económicos y políticos. Prohibida durante siglos para las mayorías, permitida sólo para algunos elegidos, se libera (en parte) con la invención de la imprenta. Pero al decir de Marshall McLuhan, “la imprenta, un recurso repetidor confirmó y amplió la nueva tensión visual. Proporcionó la primera “mercancía” uniformemente repetible, la primera línea de montaje: la producción en masa”.

El libro debió entrar en el mercado y competir como objeto de consumo. Y la historia nos dice que la necesidad de alfabetizar a las masas no tenía solo intereses humanitarios, existían otros que eran los del poder político y económico.

Siempre me pregunto: ¿le importa al poder que todos lean? ¿Los gobiernos están sinceramente interesados en erradicar el analfabetismo o mejorar la situación de los llamados “iletrados”?

Otorguemos un voto de confianza a los poderes políticos y con mucho esfuerzo a los económicos y pensemos que es sincero su interés. Pero, y siempre hay un pero, debemos estar atentos e informados ya que los intereses del poder nos afectan siempre.

Y a los maestros, ¿nos importa que los niños lean? No lo dudo. Los maestros necesitamos que nuestros niños lean para el buen ejercicio de nuestra profesión. Trabajar con un grupo de niños donde existe un porcentaje importante de no-lectores es siempre una difícil tarea.

Pero ¿estamos apoyados en la tarea de motivar la lectura en nuestros niños? ¿Disponemos de bibliotecas escolares organizadas técnicamente en cada escuela? ¿Reciben los maestros asesoramiento sobre literatura infantil o material de información en general? En fin, ¿se nos motiva a los maestros para que continuemos leyendo como adultos?

Imaginemos con los niños una nueva biblioteca


Creo que tenemos mucho por hacer y sobre todo para pensar en los errores cometidos. Necesitamos un verdadero sistema de bibliotecas escolares, un verdadero sistema de bibliotecas públicas y populares; y no digo nada novedoso: ya lo planteó José Pedro Varela en su reforma escolar.

Lamentablemente nunca se puso en práctica y por eso llamamos "bibliotecas escolares" a los muebles que están en las escuelas llenos de libros, sin organización técnica y sin personal capacitado. Error, terrible error.

No podemos improvisar. Debemos ser cautos y analizar las causas que nos llevaron a tener una situación tan deficitaria en el tema de la lectura a nivel nacional. Largos años de gobiernos incompetentes nos llevaron a la crisis en la que estamos sumidos y salir a flote no es tarea fácil. No nos engañemos, no lograremos que nuestros niños, jóvenes, adultos lean, haciendo campañas de recolección de libros. No lograremos que nuestro pueblo lea lanzando consignas bien intencionadas. Lograremos algo si seriamente pensamos en la instrumentación de buenas bibliotecas, modernas bibliotecas y no hablo de lujosas u ostentosas, sencillamente lugares dignos donde los ciudadanos puedan sentirse en libertad, ejercer a pleno sus derechos y cumplir con sus obligaciones.

Un pequeño detalle más. No olvidemos que a editores, libreros, impresores, papeleras, forestadoras, les importa mucho que todos lean, pero sus intereses no siempre son los nuestros; en los de ellos, las ganancias están en primer lugar. Nuestra propia perspectiva se aclara cuando entendemos que leer es poder . Bien que lo saben los poderosos que siempre son buenos lectores y saben de censuras y de modos sutiles de prohibiciones y de cómo promocionar los libros que “deben ser leídos”.


Notas:
1. En: Historia de la lectura en el mundo occidental Guglielmo Cavallo, Roger Chartier. Taurus, Madrid, 1998

2. La lectura de un siglo a otro. Discursos sobre la lectura (1980-2000) Anne-Marie Chartier y Jena Hébrard, Gedisa, Barcelona, 2002.

Ninguna memoria es eterna

En Estados Unidos hay 115 millones de computadoras rebosantes de tesoros privados: fotos, música de todo género, trabajos escolares, la gran novela norteamericana y, por supuesto, montañas de mensajes. Sin embargo, nadie ha encontrado el modo de preservar este material electrónico por diez años, y mucho menos para siempre. Este problema, como el de la basura postal, parece simple, pero confunde aun a los expertos.

"Costará mucho trabajo conservar un archivo digital, digamos, por un siglo. En cambio, sacar una foto con el método tradicional y guardarla en una caja no cuesta nada", señala Peter Hite, presidente de Media Management Services, una consultora de Houston. La mitad de las fotos ya se sacan con cámaras digitales y, en su mayoría, nunca salen del disco rígido de una PC.

La Biblioteca del Congreso lleva ya varios años creando comisiones y emitiendo informes sobre el estado de preparación del país para encararlo. Su director de servicios informáticos, Jim Gallagher, dice que afrontan "un diluvio de información digital". Prevén que tarde o temprano (más bien lo segundo) las máquinas y los formatos de software actuales serán obsoletos, por lo que han emprendido un largo proyecto multimillonario con miras a uniformar las normas de preservación y posibilitar la lectura del material en el futuro, sea cual fuere el hardware o software utilizados.

"Es un problema mundial que nos afecta a todos, desde los gobiernos y corporaciones más poderosos hasta los individuos", afirma Ken Thibodeau, director del programa de archivos electrónicos de la Administración Nacional de Archivos y Registros.

Entretanto, los dueños de PC bregan en sus casas. Los cajones de sus escritorios y los armarios del cuarto de trabajo están llenos de computadoras obsoletas y pilas de discos Zip, de disquetes de 3,5 pulgadas y hasta de los blandos, de los años 80. Los expertos recomiendan copiar en CD y otros formatos el material registrado en vinilo, película fotográfica o papel, pero los mecanismos de copia de seguridad también pueden desintegrarse. El cassette, los CD y los discos rígidos distan de ser robustos. La expectativa de vida de datos grabados en un CD con programador PROM podría ser de apenas 5 años si el CD quedara expuesto a un alto grado de humedad o a temperaturas extremas. Un CD rayado puede quedar inservible. Un texto manuscrito es legible aunque la tinta esté descolorida. Un archivo digital se vuelve indescifrable no bien se corrompe o empieza a deteriorarse.

"La rapidez con que acumulamos información digital y pasamos a nuevas plataformas excede nuestra capacidad de manejo", observa el doctor Jeffrey Rutenbeck, director del Programa de Estudios Mediáticos en la Universidad de Denver.

Los archiveros y bibliotecarios profesionales poseen los recursos necesarios para copiar materiales en otros formatos y la experiencia requerida para recuperar aquellos atrapados en computadoras obsoletas. Los usuarios rara vez están tan bien equipados. Esto los obliga a idear sus propios dispositivos de emergencia, en su mayoría inadecuados, de difícil manejo y decididamente burdos.

Philip Cohen vive en San Francisco; dirige las comunicaciones de una fundación sin fines de lucro y repara computadoras. En la jerga de los archiveros, es un "emigrante". Desde la escuela primaria hizo sus deberes en computadora; desde el colegio universitario utilizó casi exclusivamente el correo electrónico. Hoy tiene en su casa tres PC repletas de fotos, canciones, videoclips y correspondencia. Ha transferido constantemente archivos importantes a nuevas PC y formatos de memoria. "Sólo traslado el material que tiene valor afectivo", dice. No obstante, ha notado señales de deterioro en algunos CD, en especial los regrabables. "Ya son ilegibles", se lamenta.

Desde luego, la migración da resultado siempre y cuando se encuentren los datos. Dada la capacidad creciente de los discos rígidos, hasta eso puede ser un problema. "Hay quienes dicen que la información digital no desaparecerá por destrucción, sino por pérdida -explica Rutenbeck-. Encontramos el álbum fotográfico de aquel viaje de 1984 a Hawai, pero ¿qué pasaría si guardáramos todas esas fotos en un subdirectorio de nuestra computadora?"

Para algunos usuarios las viejas PC son como esas cajas que metemos debajo de la cama. Esta solución, que los expertos llaman "método de museo", implica tener la casa llena de equipos inútiles. Simon Yates, analista de Forrester Research, guarda su vieja PC en el armario. Contiene toda su vida, desde el día de su boda, en 1997, hasta aquel en que compró su nueva PC, en 2002. Si quisiera recuperar algo de ella tendría que reconfigurar su sistema de oficina sólo para introducir las instrucciones.

Según Peter Schwartz, presidente de la Global Business Network, compañía especializada en planificación que ha colaborado con la Biblioteca del Congreso, de aquí a una o dos décadas el "método de museo" podría ser la solución más factible. "Mientras mantengamos nuestros archivos de datos relativamente legibles, podremos ir a algún local donde tengan todos los modelos de PC viejos. Sería una especie de casa de antigüedades. Estos anticuarios llegarán a constituir una verdadera industria", vaticina.

Hasta que eso sea comercialmente viable habrá que imprimir los archivos. Melanie Ho, estudiante de posgrado en la Universidad de California (Los Angeles), usa computadora desde la primaria. Crea sus propios sitios en Internet y pasa gran parte del día navegando. Sin embargo, imprime los documentos importantes y guarda copias de seguridad en la casa de sus padres, a 160 kilómetros de la suya. "Muchos piensan que la computadora matará a la imprenta. Yo creo que hay algo en la tangibilidad del papel que nos hace sentir más cómodos", opina.

Quienes proponen el uso del papel son particularmente vehementes cuando hablan de las fotos. Bien guardadas, las fotos convencionales en colores, impresas a partir de negativos, pueden durar hasta 75 años sin empalidecer. Los papeles fotográficos más recientes pueden durar hasta 200 años. No sabemos cuánto durarán las digitales archivadas en un disco rígido. Es probable que los formatos actuales se vuelvan obsoletos y el software futuro no reconozca ciertos aspectos de ellos. "Quizá sea todavía una foto, pero con algunas alteraciones, por ejemplo en los colores", previene Thibodeau.

Los expertos de los Archivos Nacionales también procuran uniformar sus archivos digitales para no tener que depender de hardware o software específicos. Thibodeau cita como ejemplo de uniformidad el formato de Internet. A menudo, no importa qué navegador se usa. Su uso se ha popularizado, en especial para archivar fotos. Shutterfly.com y Ofoto.com tienen centenares de millones en sus computadoras. Shutterfly hace una copia de seguridad de cada foto que recibe y la guarda en un lugar de California "lejos de la falla geológica", explica su ejecutivo máximo, David Bagshaw. ¿Qué pasaría si una ciberempresa dejara de operar? "Sean cuales fueren las circunstancias, nosotros siempre pondremos las imágenes a disposición de sus dueños", responde.

La movilidad constante puede ser otro problema. El doctor Stephen Quinn, profesor de periodismo en la Universidad Estatal Ball, en Muncie (Indiana), viaja mucho por razones de trabajo. Prefiere guardar la menor cantidad posible de papeles; rara vez saca copias impresas. En el cajón inferior de su escritorio, dentro de una caja, tiene una colección de disquetes que se remonta a comienzos de los 80, cuando empezó a usar una computadora Amstrad. Ahí están sus poemas ("inéditos e impublicables"), sus diarios y otros escritos suyos. Querría reunir algún día ese material y legarlo a sus hijos, pero le es imposible leer los archivos que grabó en los discos de la Amstrad. Ha buscado en vano una PC de esa marca. "Tengo un cajón lleno de discos y ningún aparato de lectura."

Esto está en vías de convertirse en un problema básico de la "vida digital". Sea cual fuere la solución aplicada, será temporaria. "Siempre iremos a la zaga", admite Rutenbeck. Ha empezado a podar su pasado digital, a descartar viejos discos rígidos y Zip. "Me hace sentir realmente bien -asegura-. Tampoco guardé en una caja todo cuanto hice en primer grado."

Por Katie Hafner
The New York Times

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/656742

Mujer al sol

Una mujer al sol es todo mi deseo,
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz
y la flor de los labios abierta para el beso
y en la piel refulgente el polen de la luz.

Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa
en la flor de los labios, abierta para el gozo.

Una mujer al sol sobre quien yo me arroje
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,
y que al someterse se enfurezca y solloce,

e intente rechazarme, y que al sentirme ausente
me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir

Vinicius de Moraes

El milésimo hombre

Un hombre entre mil hombres -nos dice Salomón-,
Se une a ti con mas cariño que un hermano;
Y bien vale la pena buscarlo media vida,
Por si lo encuentras antes de vivir la otra media.
Novecientos noventa y nueve están pendientes
De la virtud que el mundo te reconoce,
Pero el milésimo será tu amigo
Aunque el resto del orbe se ponga en contra tuyo.
No serán atenciones, ni promesas, ni suplicas,
Las que decidirán que tu lo encuentres;
Novecientos noventa y nueve de ellos
Buscaran tu experiencia, tus hechos o tu gloria;
Mas si el te encuentra a ti y tu a él,
Todo el resto del mundo perderá su importancia,
Porque el milésimo hombre estará al lado tuyo,
En todos los caminos del triunfo o la derrota.
Podrás usar su bolsa como si fuera propia,
Y el usara la tuya, ambos sin consultarse,
Y se reirán al verse como todos los días
Sin mentar para nada el dinero prestado;
Novecientos noventa y nueve de ellos,
Reclaman plata y oro en sus negocios;
Pero el hombre milésimo vale por todos juntos
Porque puedes abrirle de par en par el pecho.
Todos los males de él son también tuyos
Y sus buenas acciones son tuyas a la vez;
Así en todo el momento, en las buenas o en las malas,
Ofrécele tu apoyo a la vista de todos,
Ya que la causa será tu propia causa.
Novecientos noventa y nueve no podrán
Soportar la vergüenza o la burla o la risa;
Pero el hombre milésimo estará a tu lado,
Hasta el pie del patíbulo y todavía después.

Rudyard Kipling

16 CONSEJOS PARA ESCRIBIR UN BUEN REPORTAJE

1. Sea honesto.

2. Siempre pregúntese porqué esa persona le está contando eso. Evaluar su fuente puede ser uno de los juicios más importantes que tendrá que hacer para escribir su artículo.

3. Salvo en cuestiones simples, acostúmbrese a preguntar todo dos veces.

4. Si la persona a quien entrevista está nerviosa o temerosa, no pregunte dos veces, mejor pregunte cinco veces lo mismo.

5. Si usted está nervioso o temeroso, tome nota lo más rápido que pueda. Luego solo confíe en sus notas, no en su memoria.

6. Se puede aprender algo útil de casi todo el mundo.

7. Salvo pocas excepciones, la gente puede contarle lo que sabe o piensa.

8. Las personas son la máxima autoridad en sus propias vidas.

9. Cuando sea posible, trate de examinar la situación por si mismo. Hágalo aunque crea que no va a encontrar nada.

10. El secreto de una buena entrevista es encontrar un tema del que el entrevistado quiera hablar, y dejarlo/a hacerlo.

11. Aunque use una grabadora, tome notas de todas maneras.

12. Cuando una historia se trata de una guerra, un desastre natural o una revuelta social, los primeros reportes generalmente no son acertados.

13. En caso de un evento desastroso o violento, los reportes de muertes deben ser tomados con pinzas. Entre mayor sea el número y más pronto sea publicado, más son las posibilidades de que sean errados.

14. Tenga mucho cuidado al describir los motivos de la gente.

15. Si está escribiendo algo que sea crítico o que expresa un punto de vista, asegúrese de ofrecer el lado contrario lo mejor que pueda.

16. Siempre imagínese que está escribiendo para alguien que no concuerda con usted o que desconfía de usted. Su trabajo es que esta persona crea que usted ha brindado la información lo mejor y más objetivamente posible

Documento de la Red de Periodistas Internacionales

www.ijnet.org

Fuente y más informaicón: Servicio de Información Indígena, www.servindi.org

Lectura

La lectura como dispositivo de control en el cual hay tipos de interpretaciones viene de la edad media donde el discurso religioso operaba en pos de lecturas posibles.

Lectura, explicación, recitación y análisis y cursos de literatura forman, pues el primer dispositivo de “lectura” establecido en la enseñanza secundaria contemporánea.

Reflexión sobre prácticas de lectura

Apuntes y bibliografía sobre prácticas de lectura

Reflexión 1

Nuestra investigación busca situar a la lectura como una instancia pública revitalizando regiones de sentido donde se construyen tramas de discursividad en la interacción simbólica de los sujetos no habituados a ese tipo de práctica cultural.
La construcción y problematización de mundo posibles imaginarios a través de grupos lectores enmarcan disposiciones en las cuales el cuerpo significante emergen en las interpretaciones simbólicas donde entran en juego situaciones de lucha por el sentido posible de los textos leídos. Analizar esas disposiciones ante un “objeto” como el libro que desencadena simbólicamente afectaciones culturales determinadas en los sectores que no están habitualmente a “leer” libros y encontrarse en la discusión de textos es uno de los desafíos que se plantean en el accionar de la investigación con sectores populares.
Cuando las tramas de discursividad se establecen en torno a socializaciones a partir de la lectura las condiciones sociales de lectura establecen grados de conflictividad alto. La lectura es simplemente un nuevo espacio simbólico de lucha por la apropiación de sentido en constante conflicto.

Reflexión 2
La expresión lectura pública, para Chartier y Hébrard , “designa a la vez una esfera de intervención del Estado (se habla de lectura pública como de salud pública), una gestión específica sobre colecciones de libros y de documentos (bibliotecas de lectura públicas) pero también una práctica de lectura (libre acceso a las estanterías, colecciones abundantes, variedad de medios, rápida actualización).”
En este marco los lectores de los sectores populares se hayan devaluados en la cantidad de textos leídos. Digamos que las estadísticas de visitas y consultas a las bibliotecas populares no son alentadoras de este tipo de prácticas. Las bibliotecas populares se hayan con graves problemas de mantenimiento y subsistencia como para trabajar en políticas de lectura desde el Estado. El grado de responsabilidad de estallar proyectos de grupos de lectura en los barrios marca una instancia de repensar un cuestionamiento del orden posible y de las condiciones sociales de lectura de la cultura dominante de lo que debe ser leer y para qué. A principios de siglo, la visión de las bibliotecas populares sobre su accionar alentando la lectura en sectores sociales desfavorables sigue siendo escaso, pobre. Además, la lectura sigue siendo un tema que se ignora desde los medios masivos de comunicación. Por ejemplo, las bibliotecas son espacios invisibles para las estructuras socioculturales dominantes. ¿Qué grado de responsabilidad de las bibliotecas para estallar en determinaciones lectoras transformadoras en un marco de mayor desigualdad?.

Preguntas
¿Quién determina la legitimidad de las interpretaciones de lo leído?. ¿Quién determina lo que se debe leer y por qué?. ¿Leer de por sí es una práctica liberadora del sentido?. ¿De qué forma la lectura impacta en la vida cotidiana de personas que no están habituadas a ese tipo de prácticas culturales?.


Tengamos en cuenta como lo marcan los historiados la apropiación por el sentido de lo que se lee está establecido en el imaginario desde la Edad Media cuando la lectura religiosa operaba obturando un único sentido a la Biblia, libro religioso occidental por antonomasia en la demarcación de lo que regia en la vida cotidiana, incluso en los sectores populares. Aunque estos muchas veces se basaban en la oralidad como forma de construcción del mundo.


Algo de bibliografía sobre lectura que se encuentra en la Biblioteca “Universidad de Luján”

1. Manuel, Alberto. Una historia de la lectura.
2. Chartier, Anne-Marie. Hébrard, Jean. Discursos sobre la lectura (18801980).
3. Chartier, Roger .Historia de la lectura: en el mundo occidental.
4. Robert G Crowder Psicología de la lectura.
5. Olson, David R. El mundo sobre el papel : el impacto de la lectura en la estructura del conocimiento.